Érase una vez 25 soldados de plomo fusil al hombro y uniforme rojo y azul. Todos eran iguales excepto uno al que le faltaba una pierna pues se había fundido el último y el plomo no bastaba. Pero con una pierna se sostenía tan firme como los otros. Así comienza su cuento Hans Christian Andersen. El soldadito pasó un montón de penurias hasta que un día volvió a su lugar de origen en la casa del niño que jugaba con ellos y una ráfaga de viento lo arrojó al fuego de la chimenea junto a la princesa de la cual estaba enamorado. Ambos se fundieron quedando un pedacito de plomo y la estrella de oropel de la princesita.